El perfume que nació en una botella de coñac

En 1270, la familia Frapin comenzó a elaborar coñac. Ahora lleva su maestría a la creación de perfumes igual de exquisitos.

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Sergio Cabrera
El perfume que nació en una botella de coñac
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Han pasado más de siete siglos desde que la familia Frapin comenzara a producir coñac en la casa familiar. Esta firma francesa lleva desde entonces refinando sus métodos de producción, hasta el punto de haber creado lo que para muchos es uno de los referentes mundiales del coñac de calidad.

Son 20 generaciones ya las que han pasado por sus bodegas. Su ‘expertise’ les ha llevado ha embarcarse en una nueva aventura: la de las fragancias. Proponer perfumes inspirados en sus coñacs, en su historia y tradición, fue el objetivo, de sobra conseguido bajo el emblema familiar. “Coñac y perfumería comparten profundas afinidades. Los dos embriagan los sentidos y despliegan fragancias, de frutos secos, flores, especias, maderas, vainilla…; capaces de engalanar un palacio”, explican.

Y lo hacen en frascos que emulan las botellas antiguas del destilado francés más característico. En su interior, las mejores materias primas, en composiciones sofisticadas y rotundas que nos permiten comprobar en primera persona que estamos ante un gran perfume de autor y no una ligera agua de colonia. Además, la producción de los aromas es en pequeña escala, de ahí que se hayan convertido en piezas de deseo.

No declinan entre perfumes masculinos y femeninos, aunque las pirámides olfativas pueden darnos pistas de si gustarán más a ellas o a ellos. L’Humaniste, por ejemplo, una de sus últimas incorporaciones al catálogo, es más bien masculino; mientras que clásicos como 1697, con jazmín e ylang-ylan enamora a las mujeres que lo huelen.

Este verano estrenan nuevo packaging, con cajas que recuerdan también a los estuches antiguos de las botellas de coñac. Se suma así al detalle del tapón de madera tallada.

En España se pueden adquirir estos exclusivos frascos en BoMonde, la perfumería especializada en firmas nicho de la calle Campoamor de Madrid. A partir de 110 €, la tradición perfumera más elegante.

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