6 patatas ‘chips’ de alta cocina española.

De norte a sur, nuestro país puede presumir de elaborar las mejores ‘chips’ del mundo, con ingredientes para relamerse de gusto.

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Sergio Cabrera

Pocos aperitivos hay más adictivos que las patatas fritas ‘chips’. Ya lo dijo una vez Antonio Banderas en un anuncio de televisión: ¿acaso se puede comer solo una de la bolsa? Imposible.

Y si resulta complicado cuando se trata de una bolsa de patatas industrial, cargada de aditivos, cómo va a ser posible contenerse si lo que tenemos entre manos es alguna de las que elaboran seis firmas de referencia en el mercado ‘premium’ de las patatas chips. En España somos amantes de acompañar una cañas con aceitunas y unas patatas, de ahí que el mercado necesite productos a la altura de las expectativas de un tapeo de autor. El que aparecieran las ‘chips’ de alta cocina era solo cuestión de tiempo.

El fenómeno no entiende de regiones. Tenemos, por ejemplo, las Chips de la firma Sal de Ibiza, que utiliza, además de las patatas, la sal de las salinas naturales de la isla balear para su elaboración. Concretamente, la que se extrae del Parc Natural ses Salines d’Eivissa, del que se ha creado toda una gama de productos relacionados. En torno a otro producto, el aceite de oliva, se crea la firma La Chinata en la cacereña Sierra de Gata, cuyas patatas fritas también se elaboran con el mismo mimo.

Las hay incluso que cruzan fronteras. Es el caso de las gallegas Bonilla, que aparecieron en la publicidad de Balmain hace unos años y de las que se ha declarado adicto el alcalde de Londres. También las cordobesas San Nicasio, que hacen furor en el Golfo Pérsico. Se elaboran en Carcabuey, a fuego lento con patata española no transgénica, sal rosa del Himalaya y el mejor aceite de oliva virgen extra andaluz.

En Cataluña, por su parte, encontramos las Torres, patatas fritas tradicionales a las que se les añade trufa negra. También son barcelonesas las Espinaler, con más de un siglo de tradición familiar a sus espaldas en el mundo de la restauración. Entre todas permiten que la hora del aperitivo sea, más si cabe, un momentazo ‘premium’.

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