Happy Socks, calcetines para quedarte boquiabierto

Definitivamente, los modelos de esta firma sueca no son para ejecutivos tradicionales…

Happy Socks, calcetines para quedarte boquiabierto
  • mail
  • facebook
  • Tweet
  • g+ 1
  • pinit
Sergio Cabrera 15 de Enero de 2015
Happy Socks, calcetines para quedarte boquiabierto
ver la galería »

Cuando uno se enfrenta al catálogo de calcetines de Happy Socks, aun a sabiendas de que nunca destacan por ser precisamente convencionales, la sorpresa siempre es mayúscula. Para algunos, estamos ante los estampados más feos jamás puestos a la venta; para otros, ante el colmo del diseño moderno y ante todo un símbolo de romper barreras en piezas que, normalmente, eran muy aburridas. Lo que nunca ocurre es que alguien se sienta indiferente.

Este ‘o los amas o los odias’ es quizás la mejor muestra de que esta firma sueca ha conseguido no ser una más en un mercado mucho más competitivo y colapsado de lo que parece. Aún son muchos los que no quieren salir de un universo de calcetines azules marino o negros lisos, así como blancos para las deportivas (por supuesto, con una raya roja y otra negra, porque otro tipo de diseño es ya pasarse de moderno…), pero eso no quiere decir que no estén anclados en el pasado. Eso sí, Happy Socks es jugar directamente en otra liga, y mucho más si, como proponen, se complementan los calcetines con boxers y otros cortes de ropa interior masculina.

La historia de esta marca no es larga, ya que se fundó en 2008. La idea era convertir un accesorio cotidiano en un elemento lleno de color “y diseñado a conciencia, capaz de transmitir felicidad”, explican sus creadores. Es decir, que contrastara con el perenne cielo grisáceo y mortecino del invierno sueco. El colectivo Happy Socks se hizo fuerte en una pequeña casita roja con más de 400 años de antigüedad, entre cerezos y arbustos de bayas silvestres, situada en un parque del corazón de Estocolmo. Allí crean estampados como el de flores, topos de colores que no siempre combinan como uno esperaría, geometrías dignas de un cuadro postmodernista… y los no aptos para timoratos pieles de cebra y de leopardo, que reconocemos que seríamos incapaces de elegir.

Y es que, quizás, los Happy Socks, con un precio de 8 € el par, son los calcetines más transgresores de Europa.

Si te gusta ésto, dilo:

Comentarios Cerrados.